viernes, 22 de junio de 2012

Una Tarde con Fernanda



La última vez que nos vimos fue aproximadamente hace cuatro meses, empezaba ella en estas lides fornicarias; en aquel entonces entre tímida y desconfiada, aunque siempre tierna y complaciente, aceptó salir conmigo e incluso accedió a posar para una exquisita sesión de fotografía erótica. Nuestra primera experiencia fornicaria estuvo bien. Cuatro meses después vuelvo a citarme con ella a una hora similar y lo que me encuentro al frente es a una mujer totalmente diferente, mucho más madura, firme en su accionar, de exquisita presencia, siempre tierna y dulce, pero elegante.

La veo a la distancia mientras me aproximo en mi auto, ella me descubre y me saluda, empiezo a sentir un extraño cosquilleo. Viste un pequeño pantalón negro que destaca sus hermosas piernas bronceadas, los tacones de sus zapatillas resaltan el bronceado de sus piernas, las cuales a su vez se ven alargadas y tonificadas. Una blusa negra semitransparente deja ver el volumen moderado pero firme de sus senos bien puestos.

Sube al auto y saluda con un piquito, una sonrisa tierna, huele exquisito. Comenzamos nuestro peregrinar hacia el motel pero antes nos detenemos en un restaurante en el camino para comer algo, tomar una cerveza y conversar un poco. El calor afuera es sofocante y ambos estamos casi deshidratados, así no se vale ir directamente a la cama, con ese sol agobiante del mediodía de junio. Con el primer trago de cerveza refrescante ambos al unísono expresamos nuestra satisfacción por aquel sorbo divino que se introdujo en nuestro sistema. Estamos conectados.

La parada del almuerzo es agradable, cuando ingresamos al lugar las miradas de los clientes se desplazan inmediatamente hacia ella, quien sensual y hermosa llama la atención con su rítmico caminar, su sensual presencia vestida de aquella manera fresca y seductora, aunque sobria a la vez por el color negro que la envuelve. Entre comentarios, risas, recuerdos y anécdotas se pasan los minutos, puedo ver en su forma de conversar y en el sesgo de las historias que cuenta que el tiempo no ha pasado en vano con Fernanda, se siente madura, aplomada, mira diferente, todo eso me llena de entusiasmo ante lo que está por venir que pronostico será espectacular.

Ya en el Motel comenzamos con miradas fijas a los ojos, las palabras salen sobrando, se me acerca y nos besamos profundo, la agarro de las nalgas y las siento duritas y firmes, le saco la blusa a lo que accede  obediente, quedan frente a mí aquel par de senos paraditos y firmes, totalmente naturales, entre besos apasionados y caricias desciendo aún de pie hasta sus senos deliciosos los cuales me como reiteradamente y me solazo con sus pezones gruesos y carnosos. La temperatura de mi cuerpo se incrementa mientras ella desciende sus manos y se detiene en mi chorizo erguido que lucha por salirse de entre mi ropa pues me encuentro aún vestido. Me saco la camisa, me saco el pantalón. Me siento detrás de ella y suavemente ella de espaldas le deslizo sus diminutos pantalones negros. Poco a poco se van descubriendo sus nalgas hasta quedar solamente metida en aquel hilo diminuto color pastel que hace juego con el brassiere que hace rato descansa en un silloncito del motel. Aún erguida con sus tacones de aguja se ve espléndida.

La meto en la cama y seguimos con el juego, acariciándonos, deteniéndonos brevemente aquí y allá ambos para sentirnos y estimularnos. Luego finalmente la desnudo completamente y comienzo a besarle el cuerpo: primero el cuello, luego los senos, desciendo por su abdomen y me detengo en su ombligo donde mientras la beso ella se retuerce ya encendida y deja escapar hermosos gemidos, sigo descendiendo hasta encontrarme con su Vulva encendida y húmeda, la cual me empiezo a comer con tremendo placer gourmet, primero suavemente con la lengua, luego le doy pequeñas mordidas y finalmente le meto uno, dos dedos, mientras sigo comiendo, ella para entonces ya se retuerce y gime más alto, sus manos me acarician el cabello... la miro a los ojos, los tiene cerrados y muerde sus labios entre un gemido y otro.

La dejo descansar y entonces es ella la que se gira hacia mí y comienza a comerse mi chorizo; lo hace de una manera delicada con momentos de inserción absoluta, mientras en otras lo lame con deliciosa lentitud por los costados, desciende hasta mis huevos y se los come, los besa y los acaricia, los dos estamos encendidos y es cuando decido cabalgarla al mejor estilo convencional, yo sobre ella primero con suaves ataques de penetración que voy aumentando hasta arrearle con cierto vigor y energía, ella comienza a gemir más fuerte. Cadenciosamente y con gran elasticidad encarama sus pies sobre mis piernas y en una pose que le permite despegarse levemente de la cama, debajo de mí ella me ayuda con un movimiento de pelviz rítmico, ambos nos estamos cogiendo, yo desde arriba y ella desde abajo. Incrementamos el ritmo, ella tensa el cuerpo, se acomoda mejor, su respiración entrecortada se acentúa, entramos en un paroxismo que no se detiene hasta que juntos de un momento a otro nos venimos, mientras nos continuamos besando y acariciando. Nos quedamos quietos, relajados, uno encima del otro, yo apoyo los codos sobre la cama para repartir el peso, luego de unos minutos, nos separamos completamente empapados en sudor, retiro el preservativo y voy al baño, cuando regreso la encuentro tirada en la cama boca arriba, con una dulce sonrisa que me hace sentir halagado. Fue un polvo de altos quilates.

Luego tomamos unos tragos de buen whisky, conversamos un poco, nos reímos, aunque sé que puedo ir por un anal, no me interesa, quizás el solo hecho de saber que el anal es posible me hace perder interés en pulsearlo, no hay morbo, entonces no me interesa. Seguimos hablando y cuando nos damos cuenta estamos jugando de nuevo, acariciándonos e iniciando un segundo ataque que culmina con una forma distendida de venirme. Estuvo bien, no me quejo pero el primero es inolvidable. Y así sudados, con la cama completamente empapada nos levantamos para ducharnos, vestirnos y marcharnos.

En esta ocasión cada uno se duchó por separado y como la cortesía manda ella lo hizo primero; mientras yo luego con la puerta de la ducha abierta, la miraba vestirse y a fe que si no hubiéramos tenido otras obligaciones esa tarde me le tiro nuevamente encima, porque o soy un glotón o Fernanda provoca un apetito que es difícil de saciar por lo delicioso de ese cuerpo gourmet que me entregó una tarde de junio con total intensidad.

Esta vez no le hice fotos pero acordamos refrescar el repertorio en un próximo encuentro, mientras tanto acá les dejo un par de fotos inéditas de nuestro primer encuentro, aunque aclaro que ahora se encuentra mejor física y anímicamente.

Madura, cariñosa y complaciente, Fernanda es un delicioso platillo gourmet fornicario