Hablar de sexo no es tarea sencilla, en especial cuando se
trata de hacerlo desde la perspectiva del Fornicador. Los sexólogos hablan con
sentido sobre el sexo pero lo hacen desde una perspectiva donde esa exquisita
escena de sublime intimidad, pareciera
ser simplemente un producto más colgando entre las góndolas de un supermercado.
El sexo para ellos es un objeto más de consumo, y como tal lo despellejan con
frialdad similar a la frustración eréctil.
Los sexólogos a mi juicio son los que más daño y barreras le
causan al sexo, una actividad humana tan
normal como cualquier otra necesidad fisiológica que se ejecuta diariamente,
con la diferencia de que para el sexo se necesitan dos y para otras necesidades
fisiológicas solo se requiere de un individuo y una mano habilitada para
limpiarse correctamente. No hay misterio en eso.
Por otra parte, el testimonio del sexo fornicario es diferente, porque no
está provisto de tecnicismos, ni objetividad alguna, se trata de un testimonio directo y
exquisito mediante el cual se articula una historia en la que el narrador
–generalmente protagonista, aunque también podría ser testigo- recrea con
deliciosa imaginación el momento en que una pareja de individuos se revuelca en
el lecho y mediantes gemidos y caricias, se convierten en una sola unidad al
penetrarse, mientras vibran armónicamente.
A lo largo de mi vida
he podido darme cuenta que quienes más hablan de sexo en la sociedad son ,por un
lado, los jóvenes que despiertan a la vida sexual y descubren en esa actividad niveles
de sublimidad que desearían experimentar. No obstante, no son capaces de hacerlo
por múltiples factores y entonces en los foros y blogs de la internet se
redimen temporalmente de esa necesidad, convirtiéndose en Trolls majaderos, que
a veces incluso saturan las redes mismas con sus preguntas impertinentes. Pues para ellos su satisfacción está en que les cuenten y les describan situaciones que por otro lado son incapaces de experimentar.
El otro grupo social que descubro habla de sexo con
particular obsesión son los hombres casados, maduros, profesionales, con
familia, individuos que llevan una vida sexual en extinción con su pareja
porque la rutina y el tiempo los ha agotado, y sin embargo ellos siguen
secretamente soñando con algo más, recordemos que en nuestra sociedad el varón
es mucho más glotón que la mujer y siempre quiere más. Estos individuos llevan el entierro por dentro y van a misa y la feria del agricultor con su mujer pero secretamente están monitoreando a su alrededor, recreando escenas con mujeres ajenas que no son capaces de seducir.
Si ese sexo al que aspiran ya no son capaces de encontrarlo en casa, entonces lo buscan
afuera. Lamentablemente, resulta que también les cuesta un poco encontrarlo, ya sea financieramente o incluso
logísticamente, porque la mujer ejerce un severo control sobre su tiempo libre,
o sea, todo espacio temporal fuera del laboral. Bueno, estos señores han
descubierto ahora un nuevo nicho para darle rienda suelta a sus obsesiones, en
total privacidad y horario de conveniencia –el laboral-: me refiero a los
llamados foros puteros, o foros dedicados exclusivamente a hablar sobre sexo.
El surgimiento de los foros puteros ha promovido la creación
de una nueva forma de Fornicadores y esos son los que llamaremos Culiadores Virtuales.
Se trata de aquellos inviduos que añoran el sexo pero no pueden disfrutarlo y entonces lo recrean
mediante comentarios anónimos en sitios de internet creados para ese fin.
Ahí cuentan historias, desde su anonimato se inventan una personalidad y la hacen acompañar de un ingenioso avatar que los identifica, añoran épocas idas, felicitan a sus hermanos foreros por sus experiencias y
comentarios, pero poco realmente cuentan sobre sexo fornicario en su tiempo
real e inmediato. Y es que claro, nadie quiere realmente saber sobre el sexo
con la doña del forero, sino del sexo que nos sería posible degustar luego de
una lectura testimonial convincente. Pero como no tienen esa experiencia,
entonces no pueden contarla. Y se preservan y se reproducen en ese universo secundario, hablando del sexo que no practican y sin embargo añoran.
También he descubierto que los que viven activamente el
sexo, aquellos que por ejemplo disfrutan de una pareja fija pero mantienen también relaciones independientes que
además les permite a ambos interactuar sexualmente con otras parejas, esa
personas generalmente no se interesan en contar su propia experiencia,
simplemente la viven.
Finalmente están los que ofrecen testimonios de Fornicación,
eso son un grupo raro y minoritario, que generalmente alimentan los foros de
los que viven los Trolls y los Culiadores Virtuales, estas dos últimas
especies son como las rémoras que se alimentan de lo que excretan los grandes
cetáceos marinos. En ese sentido y dolorosamente hay que reconocer que el Mundo
Sexual de los Trolls y los Culiadores Virtuales es un mundo derivado, un mundo
de aspiraciones pero jamás de realizaciones, salvo claro la muy justificada y
salvadora de la locura, que se llama Masturbación. Mientras tanto, se les hace
la boca agua leyendo los testimonios de Fornicación, las aventuras de cama
ajenas contadas exquisitamente, que sueñan como propias.
Hay tanta maestría en el acto de Fornicación que el
testimonio de esa escena es obligado, en especial cuando se considera a la
Fornicación como una de las actividades humanas donde se alcanza uno de los
mayores éxtasis vitales. Un buen testimonio de fornicación es capaz sin duda de transmitir esta experiencia orgásmica y elevarla a un nivel paroxístico.
Los verdaderos testimonios de Fornicación, entre los
Fornicarios confesos, alcanzan un nivel de evangelio, hay escenas de sexo, momentos
íntimos, orgasmos únicos que se leen con litúrgica reverencia por lo
exquisitamente bien transferidos al lenguaje verbal.
El Testimonio de Fornicación es un documento sagrado, hacen el papel de las sagradas escrituras, capaces de guiarnos cuando ingresamos a ese hoyo negro
que es la pasión, ambos horizontales sobre el lecho, desnudos, sintiendo
nuestros sexos restregarse entre sí y vibrar, deslizar luego la mano y
detenerse a medio cuerpo y palpar… sentir… gozar…



