miércoles, 25 de abril de 2012

Daphne: Nombre de Cisne, Cuerpo de Serpiente



 Siempre he pensado que los nombres de las sexo-servidoras generalmente están directamente relacionados con las fantasías que ofrecen, en especial las damas de compañía y las bailarinas de night club. No me he encontrado ninguna a la fecha que me haya dado su nombre de pila de primera entrada, aunque generalmente luego de estar juntos e intimar un poco, he logrado que algunas me den su verdadero nombre y hasta el número celular particular, que no solamente el del trabajo.

Hace poco conocí a una chica escort o dama de compañía de origen cubano, de pelo rizado, una figura electrizante, un culito apretado y paradito, una sonrisa escandalosa, de hablar a decibeles elevados para un encuentro en público y tanto sus comentarios como risa eran notorios en todo el restaurante donde nos encontrábamos. Aunque intentaba con mis gestos y acciones hacerle ver que era mejor hablar en tono más moderado, ella sin complejo alguna no atendía ninguna de mis estériles señales.

La conocí por azar, por medio de una amiga común, también cubana, pero nos caímos bien desde el primer encuentro. Entonces nos intercambiamos números telefónicos y el fin de semana pasado salimos a almorzar. Caímos en un restaurante peruano ubicado en San Pedro y luego de dos o tres Pisco Sour estábamos listos para cualquier eventualidad. Bajo la mesa jugábamos y nos desafiábamos, sobre la mesa comíamos mariscos, bebíamos pisco y ella no dejaba de reír y hacerme sentir un toque sonrojado pues en su deshinibición, desde los meseros hasta los comensales tenían que ver con ella, su gesticulación y tono de vos.

La cubana se llama Daphne, me admitió desde nuestro primer encuentro que se dedicaba al comercio sexual  como dama de compañía y sonriente agregaba que era una profesión que le encantaba porque generalmente recibía dinero por hacer algo que disfrutaba montones. Muy sensual siempre, la había visto dos o tres veces antes de hacer nuestra primera cita y siempre andaba vestidos cortos y ajustados, exhibiendo aquel cuerpo maravilloso.

Cuando me dijo por primera vez su nombre, en una estúpida pose cultural le comenté que era un hermoso nombre de Cisne, a lo que ella respondió acompañada de una de sus escandalosas sonrisas: "pues papi, en este caso lo del cisne se quedó en el nombre, porque acá lo que tienes es tremenda serpiente", me decía mientras con sus dos manos se recorría el cuerpo del torso hacia abajo, delineando aún más su cuerpo de ya acentuadas curvaturas.

Nos fuimos del restaurante directo para el motel en  San Francisco. Una vez en la habitación comenzamos a jugar: ella se sentaba sobre la cama con las piernas abiertas y dejaba ver sus calzones y sobre ellos una vulva pronunciada que se exhibía desafiante y me invitaba a acariciarla, así estuvimos un rato, jugando a tocarnos, mientras nos besábamos, hasta que decidí sacar la cámara y hacerle algunas fotos. En el calor del juego de pronto puse la cámara a un lado, aunque la dejé preparada y nos metimos de lleno en el tema fornicario. 

Sus labios vaginales carnosos estaban completamente húmedos y yo les pasaba la lengua lentamente mientras hacía pausas para morderlos tiernamente; con mis manos a ciegas buscaba sus pezones deliciosos, erguidos sobre dos pechitos diminutos pero frescos. 

Ahora entendía lo de la serpiente: mientras la recorría con mis manos y boca, ella se retorcía sobre la cama como una verdadera serpiente diciendo deliciosas incoherencias, destinadas a alimentar la euforia fornicaria.

Qué cubanita más ardiente,  qué sazón de cuerpo, de pronto se levanta sobre la cama con su cabello ensortijado completamente en desorden y me empuja suavemente, invitándome a yacer de cara a ella sobre las sábanas, me tira encima un poco de Pisco Sour que habíamos llevado hasta la habitación y comenzó a chuparme todo, con una suavidad que me enardecía completamente y me irizaba la piel. 

Cuando llega a mi chorizo que ya sostenía entre su mano, se queda mirándolo por unos instantes y luego se encima sobre él y se lo come de una forma exquisita, escupiendo de vez en cuando sobre mis testículos para luego masajearlos suavemente con su mano. !Qué mamada más Caribeña! Escuchaba sonido de maracas...

Así nos fuimos el uno sobre el otro, ella sin dejar de hablar nunca, sin dejar de sonreír, en un combate sobre la cama de tremenda pasión, hasta que la abro de piernas en la manera convencional y se la empujo toda, sin condón, yo sobre su cuerpo, sus senos golpeando en mi pecho, mi corazón agitado, delicioso y así me fui hasta el final; cuando ya sentí que eyaculaba la saqué y la bañé toda de leche sobre su liso abdomen, en aquel orificio de ombligo que irradiaba deleite. Mientras con la otra mano mi dedo le recorría el clítoris con ternura y ella se retorcía sobre la cama, mirándome blasfemar de placer. 

Les dejo unas fotos de ella, antes, durante, incluida la ducha, para que se den una idea de mi aventura.








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