viernes, 23 de marzo de 2012

Las Relojeras


La razón principal por la que busco a una Dama de Compañía es porque deseo atenderme a gusto. Me encanta el sexo sin compromiso, el sexo sin ataduras, donde es posible darle rienda suelta a la fantasía. Como dice el loco de Joaquín Sabina, me gustan whisky sin soda y el sexo sin boda. Bueno, por eso es que busco a una Dama de Compañía, para pasarla bien.

Hay otros sitios donde se puede disfrutar del sexo sin boda, esos lugares se llaman salas de masajes o night clubs, entre ambos establecimientos hay un universo de diferencia entre precios y servicios, aunque en ambos generalmente el tema común es el tiempo que te permiten estar en privado con la dama. En las salas de masajes los parámetros son la media hora y la hora completa. En los Night Clubs los parámetros son los privados con o sin botella de vino, este último elemento y su precio es lo que hace la diferencia en el tiempo de duración del servicio. Nada más molesto sin embargo cuando uno está encendido y le tocan la puerta en la sala de masajes y una voz al otro lado, generalmente femenina dice con nitidez: Tiempo! O en el night club el comemierda del encargado de  seguridad incluso se asoma indiscreto mientras uno a culo pelado aún trata de echarse otro palito, negociando en lo íntimo con la dama porque ya no quiere más, a menos claro que uno saque la billetera y despliegue algunos billetes. En las salas de masajes y los night clubs, uno ya sabe que la cosa es así y está advertido, especialmente cuando hay mucho movimiento y pocas chicas para atender la demanda.

Pero con las Damas de Compañía es diferente y uno espera un trato displicente y distendido. Las hay de dos tipos: las que atienden en su propio sitio y entonces la tarifa incluye no solamente a la dama sino la habitación, o bien las que se acuerda encontrar en un sitio público para luego desplazarnos hasta el motel, estas algunas veces también dan servicio a domicilio o sea, poseen un servicio de Burdelito Express. En el segundo caso la dama cobra una tarifa por sus servicios y uno corre con los gastos de transporte y habitación, hasta una bebida se les ofrece para mostrar cortesía.

Los servicios con Damas de Compañía pueden resultar en un evento exitoso o en una tremenda decepción. En el primer caso cito a las chicas que saben hacer su trabajo, que agradecen el buen trato y se entregan al sexo y a la fantasía para complacer a su cliente y, al hacerlo, se complacen a sí mismas. Ciertamente es sexo a cambio de dinero pero eso no quiere decir que no haya compenetración, que el rato que se pasa juntos no se disfrute mutuamente, sin fingir, sin falsas actitudes y esa gemidera pendeja o el “dame la lechita papi”, o sea, vamos terminando.

Es importante siempre hablar las cosas antes de atreverse, porque las cosas no conversadas previamente pueden redundar en tremendas decepciones. Principalmente es importante discutir el tema del tiempo. El sexo con una sexo-servidora de este tipo no es un juego de ajedrez o una  competencia atlética, donde el cronómetro es el principio medular de la actividad. En este sentido las relojeras son la principal lacra de este servicio porque queda claro con su actitud que no están para servir, sino para ser servidas y en efectivo, cash o como quieran decirlo.

Cierro los ojos y en el ojo de mi mente leo y escucho decir: cobro 50 mil la hora, cobro 75 mil por hora y media. Se me revuelve el estómago con semejante alocución. Generalmente mi respuesta es No Gracias, siempre que lo discuto o pregunto previamente. Y es que me he embarcado y me he dejado impresionar por la apariencia de una dama y hago el contrato sin preguntar las cosas que deben preguntarse, porque estoy muy emocionado o porque asumo cosas que no debiera. Me pasó por ejemplo que le pagué $150 a una dama, la recogí en un sitio público, fuimos al motel, tuvimos sexo mediocre porque a todo le ponía peros y luego que terminamos el primer polvo, al salir yo del baño ella ya se estaba vistiendo, porque solo permitía que uno se viniera una vez o sea un polvito de 75 mil mangos, nada extraordinario dicho sea de paso.  En otro caso me sucedió que me fui con una chavala al motel, me senté un rato con ella a echar unos tragos, y luego nos metimos en la cama, estaba en medio de la acción y le sonó el celular… era “una amiga” que la llamaba porque tenían un compromiso y ya había pasado una hora. Eso me enseñó otra cosa, cuando hagan el trato y vayan con la chica hacia el motel solicítenle que apague el celular, si es que ella como buena profesional no lo hace primero. No digo que deban darte toda una tarde o una noche por una tarifa básica, pero tampoco se vale el relojeo indecente que no dice otra cosa que lo que estás viviendo es una estafa, en lugar de un servicio sexual satisfactorio.

Las Relojeras son una lacra, son un mal innecesario que debe erradicarse. Estoy de acuerdo que hay clientes que no saben comportarse y, o son groseros o faltos de palabra, pero para esos existen un trato punible y la dama debe saber cómo resolverlos pero para los clientes que  son tranquilos, que gustan del buen servicio y cumplidores, ese trato relojero, frío, indiferente y poco profesional no se vale. Lo mismo me pasa cuando la dama me dice que el pago es por adelantado, eso lo comprendo en una sala de masajes o un Night Club, pero con una dama de compañía ya es una insinuación de mal servicio, de actitud relojera. Y más me revienta cuando ya en la intimidad no permiten que les besen los pezones, no aceptan besos en la boca, no a esto, no a aquello, el servicio no incluye esto o lo otro. Mala Nota.

Generalmente las relaciones sexuales tienen mucho que ver con la química entre dos personas, pero aún si la química fuera amplia o limitada, es recomendable siempre hablar las cosas antes de cerrar el trato, pudiera ser a que ninguna de las partes le convenga y es mejor darse cuenta a tiempo. La oferta puteril en nuestro medio, en la actualidad, es amplia y muy buena por eso es mejor tener claro el panorama antes de enrumbarse hacia el motel o hacia el apartamento de una dama de compañía que te espera con las piernas entreabiertas, la mano dispuesta para que le sueltes el dinero y el cronómetro infame corriendo sobre la mesa de noche de su habitación. Muchos sinsabores podrían evitarse si se siguen estas reglas básicas y muchas Damas dejarían de dar servicio o cambiarían de actitud, para bien del mundo puteril.


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